Teresa Martín Estévez: “Me da un poco de pudor mostrar mis versos. La poesía te desnuda mucho”

Teresa Martín Estévez: “Me da un poco de pudor mostrar mis versos. La poesía te desnuda mucho”

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La palabra de Teresa Martín Estévez (Motril, 1966) se escribe con tinta indeleble en la historia cultural motrileña. Esta escritora, vocacional y devocional, publicaba en 2015 su primer poemario, Los días que me debes (Editorial Nazarí). En constante búsqueda, como ella bien afirma, también ha logrado cautivar y desgarrar a los lectores con la publicación de su último trabajo, Gotas de doble filo.

Valiente, sincera y directa, hoy Teresa me ha concedido el placer de hablar de todos esos espacios que deja la poesía. De una vida dedicada en cuerpo y alma a la palabra y de cómo ésta es y sirve como bálsamo para las heridas. ¡Espero que os guste, casi tanto como a mi!


Así es Teresa

  • ¿Quién es Teresa y cuáles son sus sueños?

A veces no sé ni quien soy. En ocasiones, muchas cosas y otras veces, poquísimas. Siempre he vindicado y reivindicado que no soy una madre, ni una esposa, sino mucho más que eso. Me ha molestado mucho que me catalogaran enseguida. Mis sueños son míos, no se proyectan en mis hijos ni en nadie anterior a mi. Me coges en un momento flaco porque ahora mismo tengo pocos; Quizá, el primero sea despegar de mi situación actual y arreglarme por dentro. Creo que voy en el buen camino, aunque muchas veces no sepa bien quién soy.

  • ¿Cómo fueron tus comienzos en la literatura?

Yo he escrito siempre. Desde niña. Mi madre siempre me ha dicho que desde los cuatro años aprendí a leer perfectamente. He sido, y soy, una lectora compulsiva. Quien lee al final, o al principio, termina escribiendo. Y yo he escrito muchas cosas: relatos, redacciones, obras de teatro… Me daba igual qué. Solo sentía la necesidad de escribir.

  • ¿Referencias?

¡Uf! Tengo muchas. Me gusta mucho la poesía española. Miguel Hernández  fue el primer poeta que yo leí cuando tenía 12 o 13 años. Pablo Neruda fue el nova más en mi  adolescencia.  Lorca, sin embargo,  nunca me ha gustado como poeta aunque me dicen que hago muchos versos lorquianos. Soy de Machado, Gabriel Celaya, Vicente AlexandreLuis García Montero me encanta. Con Jaime Sabines me  identifico mucho, me encuentro cómoda entre sus versos.  Y Ángeles Mora, último Premio Nacional de Poesía, en fin, sin palabras. ¡Quiero escribir como ella!

  • ¿Qué es la poesía? ¿Cómo la entiende una escritora como tú?

Entiendo que es una proyección, como otra cualquiera, de la belleza. El intento de crear de un sentimiento, una sensación, algo bello. Como en la pintura y en la música. Es una forma de decir y acercarse a la belleza de las cosas. Aunque sean sentimientos ruidosos o feos, pero siempre expresándolos con el fin de que a la persona que le llegue, le despierte algo, y sienta que ese “algo”, es algo bello.

Un camino lleno de primeras veces

  • Has publicado dos poemarios bajo el sello de la editorial Nazarí, ¿cómo surge esa conexión? 

Fue una historia muy bonita. Yo escribí Los días que me debes,  mi primer poemario, sin intención de hacer un libro ni publicarlo. Empecé a escribir poemas tras la muerte de mi marido Gaspar, porque sentía la necesidad de seguir hablando con él y contarle cómo estaba y qué estaba sintiendo. Tras un año escribiendo, le di ese tocho de hojas a un buen amigo mío, Antonio Fernández Ferrer, poeta y cantautor. Me preguntó que porqué no los publicaba y debo reconocer que a mi me daba mucha vergüenza. Fue él quien me habló de Nazarí. “El no ya lo tienes”, me dijo.

Pero no lo hice. Sentía respeto por mostrarle a un extraño algo  tan íntimo y desgarrador para mi. Esos poemas eran una bomba sentimental que me sirvió de catarsis, para conocerme y adentrarme en mi misma y no sabía si estaba preparada para que alguien me dijera que me dedicara a otra cosa. Pero, sin embargo, otro día, Antonio volvió a preguntarme por aquellos poemas. Y fue él quien decidió llamar a la editorial y avisarles de que yo iba  a mandar un manuscrito que tenían que leer. Y así fue. Mi sorpresa fue que al día siguiente me llegó un e-mail de Paolo Remorini. Me dijo que era la primera vez en la historia que al día siguiente de enviar un manuscrito, el escritor tuviera una respuesta y una propuesta de contrato. ¡Le encantó! Pero fue pura casualidad.

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  • ¿Qué sentiste al ver materializado tu primer trabajo?

Me hizo muchísima ilusión.  Es una sensación hermosa. Sin embargo, con el segundo libro he tenido un sentimiento muy contradictorio. Sentí que tenía mucha prisa. Quería demostrar que había saltado de “Los días que me debes”. Y aunque ha gustado mucho, no estoy satisfecha del todo.

 

  • ¿Qué crees que es lo más satisfactorio como poetisa?

Para mi, es una cuestión física. Hay veces que tengo algo dentro y necesito escribir y sacar cosas fuera. Cuando las sacas, ya de por si es un alivio y si después despierta un sentimiento en alguien, es casi mejor. Pero creo que tengo un problema. En Motril todos nos conocemos y quizá ante mi público, ante las personas que conozco, me da un poco de pudor mostrar mis versos. La poesía te desnuda mucho. Y aunque tú te estés refiriendo a otra cosa, la gente que conoce tus circunstancias, interpreta lo que escribes como quiere. A mi me gustaría conseguir que mi lector se encuentre a sí mismo y que no me busque a mi en mis poemas.

  • ¿Algún proyecto futuro?

De momento, otro libro no. Estoy escribiendo, yo no paro. Pero quiero darme un tiempo. Quizá, como ya digo, porque me quedé con la sensación de premura en el segundo libro. Quiero hacer las cosas con calma esta vez.

Reflexionando sobre la cultura y la sociedad

  • ¿Qué opinión merece la cultura en España para ti?

Es un tema hiriente. Es un menosprecio sin disimulo y permanente. Por ejemplo, ahora han quitado la asignatura de música de las aulas y no lo puedo entender. La música une y ensancha el alma, expande horizontes, elimina fronteras y sirve para todo, igual que la filosofía. ¿Para qué vamos a enseñar a pensar? No nos interesa que la gente piense, ni que sea crítica. Queremos borregos que trabajen en semiesclavitud. Y me parece indignante.

  • ¿Por qué la gente tiene que leer? Si es que crees que debe hacerlo…

No queda más remedio. Si no lees, no vives. Se nos abre el mundo con un libro aunque no nos movamos de casa. Es necesario, leer es como un alimento.

  • Si estuviera en tu mano cambiar algo para ayudar a  jóvenes escritores, ¿qué seria?

Quizá la apuesta en serio por los jóvenes y jóvenes promesas. Pero que sea una apuesta seria. Ahora hay muchísima gente nueva que vende libros de poesía como rosquillas. Las redes sociales ayudan mucho y consiguen conectar por muchas razones. Pero en eso se está colando también gente que no merece la pena. Me gustaría que el mundo editorial fuera flexible pero a la vez serio, que hubiera alma, y no solo negocio.

Si quieres conocer más sobre Teresa Martín, visita la página web de la Editorial Nazarí.

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